Su amor por la velocidad no le viene de genes ya que no la dispone cuando se trata de auto-impulsar avance, las pendientes en subida son momentos realmente religiosos, y  cuando consigue poner una pendiente a su favor... la vida cobra sentido los instantes que permanece en la trazada ideal...
Como todo ser inteligente, cree en algo superior que creó el mundo que conoce, pero en su religión no existe rezo ni agradecimiento, sino maldición e improperios por la chapuza que ese dios erro en el diseño de su creación.
El no tiene una imagen nítida del amor de su vida, pero es pertinaz en su encuentro y permanece alerta y preparado para aprovechar cada oportunidad.
Desde muy lejos de su paso, el sonido que un día lo enamoró es la señal... hay poco tiempo pero el siempre esta dispuesto y preparado...
La película de su vida toma sentido en apenas un solo fotograma cada vez que las vidas de ambos se cruzan... a la par... por un instante...  
Sus encuentros son fugaces, su amada nunca se detiene y el... ejem... quizá un día tenga tiempo de continuar con este proyecto... 
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